Lisboa. Tranvias y demas.

Dedicamos los 2 últimos días de nuestro viaje por Portugal a visitar la cuidad de Lisboa. Y es que desde abril de 2020 teníamos el viaje programado para visitar esta ciudad con nuestra pequeña, pero el mundo quedo paralizado por la cobi así que nos quedamos sin poder visitarlo.
3 años después retomamos la tarea pendiente y aquí os podemos contar lo que rondaba por Lisboa.

APARCAMIENTO

Esta no la pudimos aparcar

El alojamiento, ya os lo hemos comentado, estaba a unos 50 minutos en coche, por lo que se nos hacia imprescindible desplazarnos hasta Lisboa en automóvil. Por que el trasporte público para 5 no nos resultaba mas cómodo ni económico que ir en coche y aparcar.
Dejamos el coche en un aparcamiento muy céntrico, casi al lado de la "Praça do comércio (la plaza mayor que digamos). El aparcamiento no nos pareció muy caro para todas las horas que estuvimos así que lo podemos recomendar, es este: Parking Campo das cebolas
La mañana del segundo día aparcamos por las alturas, cerca de mirador da Graça ya que no había zona azul y nos venia mejor. Luego al anochecer volvimos al aparcamiento para dar un paseo nocturno por Alfama.
En Belén pudimos aparcar fácilmente muy cerca del monasterio de los Jerónimos. 


POR FIN LISBOA

Iniciamos nuestra toma de contacto con Lisboa en la Praça do Comercio. El centro de Lisboa.

LA BAIXA

La Baixa desde las alturas

Allí nos unimos a un free tour que nos explicó y condujo por toda la zona baja de Lisboa, la Baixa. La zona más pegada al río, lo más elegante y señorial. No nos encontramos un centro histórico muy antiguo ya que en el incendio y posterior terremoto de los 1700´s quedó destruida gran parte de la cuidad, así que las edificaciones que vemos no son muy antiguas.
Nos fijamos en el azulejado peculiar de los edificios. Coloridos azulejos adornan las fachadas de las casas. Nos contaron que era una forma barata de revestir las fachadas y muy vistosa, así se considera Lisboa la cuidad de los azulejos.
Aunque nosotros consideramos el país de los azulejos, ya que están repartidos por todas las ciudades, Coimbra, Oporto...

Ascensor parisien


Pasamos por el elevador de Santa Justa, una construcción del siglo XIX que nos sube a la parte alta de la Baixa, ¿ein? Previo pago de 5€ eso sí. Si solo queréis las vistas desde arriba pues se puede subir andando, dando un paseo y asomaros al mirador del ascensor, que eso es totalmente gratuito (y recomendable).
Caminando por Lisboa nos encontraremos unas cuantas librerías. Hay un montón, muy bonitas y muy cuidadas. Hasta presumen de tener la librería más antigua del mundo, puede que sea verdad o no, pero vale la pena entrar y cotillear un poco, y seguro que es mejor que un imán de Lisboa ¿Qué mejor recuerdo que un libro comprado en Lisboa?
Tranvías. De color amarillo. Atentos a este apartado para no ser tan est*****s como fuimos nosotros. Hay varias líneas de tranvía por toda la ciudad. No son solo decorativos, los habitantes de Lisboa los utilizan como transporte urbano. Y tenemos que decirlo, sí, son superbonitos y le dan un aire especial a la ciudad. Nosotros nos subimos en uno, el nº28. Martim Moniz. Que es cómo el más típico. Esperamos en la plaza de Martin Moniz durante más de hora y media solo, repito, solo, para poder ir sentados. Una autentica estupidez. No sabíamos que iba haciendo paradas y en la siguiente parada, a escasos metros de donde nos montamos, se montó gente sin ningún tipo de cola, eso sí, fueron de pie. De haberlo sabido... Pagamos la turistada del viaje.

ALFAMA

El susodicho

El sábado por la mañana tiene lugar el "mercadillo de las mierdas". Ya sabéis, nos encantan. La Feira da ladra se celebra todos los martes y sábados en campo de Santa clara. Hay un montón de puestos donde se puede encontrar de todo. Dentro del mercado de Santa Clara están los puestos más elegantes de las tiendas con cosas no tan roñosas.

Encanto de barrio


Después del mercadillo que mejor plan que patear el barrio de Alfama. Estábamos casi dentro del típico barrio Lisboeta así que aprovechamos la ocasión. Callejuelas, escaleras y rampas, dedicadas a mas de un personaje de la vida lisboeta. Perderse por el barrio de Alfama es imprescindible. Es la esencia de la cuidad. Alfama es lo que mejor resistió al terremoto mencionado y es por ello que conserva gran parte del encanto de la ciudad. Es un barrio peculiar. No nos centramos en visitar ningún punto en concreto, si no en dejarnos llevar por las callejuelas y echar brazo con la sillita en las incontables escaleras. Y caminando caminando llegamos al mirador da Graça, desde donde podemos divisar toda la Baixa, el puente de San Francisco 25 de abril y el estuario del río Tajo.
En este punto comimos bastante bien en "a taberna do Tajo" y por eso os lo decimos. Buena relación calidad/precio.


COMIDA, MÁS COMIDA

Y hablando de comida, son típicas de Lisboa las biffanas. Consta de varios filetes de cerdo que se marinan con ajo, vino y laurel, se asan a la parrilla y se meten en pan caliente.​ Por lo general, se sazonan con mostaza o salsa picante (Wikipedia off). Nosotros lo comimos en la casa das Biffanas en la plaza da Figueira. Después una buena bica (café) y podemos seguir funcionando.
Para tomar algo hay un montón de bares, la vida nocturna parecía muy activa, con barecillos y restaurantes para cenar y muchos pubs. ¡Hasta te venden chupitos por la calle! Las señoras (mayores en su mayoría) montan un puesto en la calle en la zona de Alfama donde puedes degustar (previo pago) de un licor típico de la ciudad y casero en la mayor parte de los casos. Si no os dejan ciegos por el alcohol será de la embriaguez, misión cumplida. 
Nosotros visitamos a Antonio, un bar tirando a cutre típico, pero de los que nos gustan. Ahí pudimos tomar un viño verde típico de la región y comer otra biffana y unas croquetas muy buenas.

Se nos olvidó ser influencers y fotografiar la comida. No hay fotos. Teníamos hambre.

BELEM

¡Oiga! ¡Que esto no es el Senna!

Ya solo nos queda hablaros de los pastéis de Belem, así que nos acercamos hasta allí para poder contarlo de primera persona. En la pastelería típica donde los crearon (o eso dicen) hay unas colas interminables por conseguir mesa. Así que nosotros los cogimos para llevar y estuvimos en el parque que está al lado disfrutando de la sombra (y la peque en los columpios, todo hay que decirlo). Las natas de este sitio están bien, se nota que las han inventado jeje, aunque si soy sincero nos gustan hasta las del Mercadona así que lo tienen fácil para conquistarnos.

El paseito


En Belem está el Monasterio dos Jerónimos que no pudimos visitar por el horario, pero dimos un paseo muy agradable a la orilla del Tajo hasta la torre de Belem. Se puede ir andando perfectamente sin prisa. La torre de Belem es una fortificación del siglo XVI en medio del agua que ha servido como prisión y como puerto en las grandes expediciones que descubrieron el mundo. Nos pasó como con el monasterio, al ser tarde no pudimos entrar a visitarlo, pero las vistas nos sirven perfectamente.
A la vuelta paramos en el puente 25 de abril para tener un recuerdo más cercano y tener una perspectiva más real del tamaño del puente. Grande.
Las vistas nocturnas de la ciudad molan mucho. Dar un paseo por Alfama al anochecer, es de obligado cumplimiento y asomarte o entrar a uno de los locales donde están cantando Fado es bien y eso hicimos antes de despedirnos de nuestro último día por Lisboa.
Se nos acabó el viaje por Portugal, si os surge cualquier duda o pregunta no os cortéis y os contestamos con lo que podemos.
¡Gracias y hasta la próxima!

Bye



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